31.05.06
Enviado a General a las 20:46 de Javier Romero
Me resultan graciosas estas casualidades. Hace poco os comentaba la lectura de uno de sus libros, y resulta que mañana jueves 1 de junio de 2006, en la 2 de Televisión Española, programa Carta Blanca, a las 22:30 de la noche (hora peninsular), le entrevistan. Si queréis descubrir una personalidad inquietante, no os perdáis el programa. Bastante más recomendable que otras cadenas.
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28.05.06
Enviado a Linux a las 11:26 de Javier Romero
No es que hubiera buscado mucho, pero por fin puedo escuchar los ficheros que usan el Monkey’s Audio (compresión sin pérdida) en Linux con el beep media player. En este hilo lo explican.
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Enviado a Internet a las 10:08 de Javier Romero
Os voy a poner dos animaciones en flash que he descubierto vía oink y que merecen mucho la pena.
Por una parte, Somnium Orbis, arte breve interactivo (no puede considerarse juego).
Bendito Machine, siguiendo la tradición, que no la realización, de la animación estilo príncipe Achmed.
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26.05.06
Enviado a Literatura, Podcast a las 14:17 de Javier Romero
Si te dicen si puedes colaborar leyendo un texto de Edgar Allan Poe.
Si te dicen que es para un sitio colaborativo que te gusta, y que es para un podcast.
Si te dicen que te lo pide un amigo con imaginación.
Dime la verdad. ¿Realmente te negarías a grabar el relato? Yo, ni lo dudé. Eso sí, es mi primer intento de darle emociones a mi voz. Menos mal que alguien controla la edición.
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25.05.06
Enviado a Urcalanda a las 14:51 de Javier Romero
Al principio, no me extrañó ver entrar en mi despacho a un unicornio. Puedo asegurar que he visto situaciones bastante más absurdas, así que no me salieron los ojos de las órbitas ni nada por el estilo. Urcalanda se ha vuelto lo suficientemente grande como para acoger a unicornios como vecinos de ancianitas que tiran la basura.
No sabía cómo me iba a comunicar con él; después de todo, nunca había visto a un animal mitológico de estas características tan cerca y con ganas de contarme algo, así que musité un buenos días (o un buenas tardes, o un buenas noches, el tiempo no es algo que sepa percibir). Me respondió una voz en mi mente; no sabría definirla como masculina o femenina. Podríamos dejarlo en que era una voz de unicornio, lo cual da una importancia absurda al comentario.
Me planteó una cuestión que no me importaba en absoluto, había perdido un paquete no demasiado valioso en uno de los caminos que conducen a la ciudad. Por supuesto, sabía que en el fondo el asunto sí me involucraba de alguna forma; un unicornio no aparece en un despacho porque le apetezca. No soy cotilla, así que confié en la veracidad de la historia y en que ya conocería los detalles más interesantes (para mí, claro).
No recuerdo cuánto tiempo pasó (el tiempo no es algo que sepa percibir, repito), pero me vi encima del unicornio saltando por la ventana donde alcanzamos uno de esos arco-iris que se crean cada vez que un mensajero decide saltar para coger un atajo. Soy más bien soso y tímido, así que sospecho que me ruboricé cuando me vi rodeado de tantos colores; suelo esquivar estas vías rápidas de circulación, pero sabía que en este caso no podía escabullirme. Otra vez será.
El unicornio es un animal muy bonito, precioso, pero incómodo para viajar. Resulta muy molesto ladear la cabeza para ver lo que tienes delante. Al final, aburrido y medio mareado, terminé contando las espirales que se le formaban en el dichoso cuerno; y menos mal que llegamos pronto, porque comenzaba a contar los pelos que podía agarrar con una mano.
Me indicó dónde había perdido el paquete. Sonreí, porque me pareció un problema demasiado fácil de resolver. Saqué mi salero, esparcí un poco de sal y tanto mi compañero como yo pudimos descubrir el rastro anteriormente invisible que dejan las obras literarias.
Por suerte me quedaba mucha sal; no sé el tiempo que tardamos en llegar al abandonado paquete (el tiempo no es lo que era). Lo cogí, se había quedado en el color verde. Me imaginé el paquete como una especie de dado que elige en su azar un color determinado, un color que marcará los pequeños avances del futuro.
El unicornio me indicó el nombre del destinatario. Era para mí, situación que me había imaginado un momento antes de ponerme a contar espirales. Un libro, era un libro que me enviaba mi buen amigo Adinaldo, escrito por él. Creo que tuvo ganas de describir nuestra camaradería. Me hizo mucha ilusión. En el primer capítulo describía con todo lujo de detalles mi despacho, qué buenos momentos vivimos allí. Lo comencé a leer mientras el unicornio se despidió y se alejó llevándose su arco-iris y dejándome envuelto en oscuridad.
Miré por todas partes hasta que puede ver un pequeño hilo en el suelo, mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad. Tiré del hilo y pude desplegar otro arco-iris por el que viajar, aunque no sé a ciencia cierta a dónde me llevaría.
Feliz, paseando entre las páginas del libro de mi querido amigo, caminé y caminé por la colorida alfombra. No puedo indicaros cuánto tiempo pasó hasta que vi una nueva forma de viajar. Sabéis que soy incapaz de controlar mi tiempo.
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23.05.06
Enviado a General, Personal, Internet a las 19:50 de Javier Romero
En vista del entusiasmo de algunos y de que tenía que subir a algún sitio las fotos de las jornadas, y que tampoco quiero hinchar mi servidor, pues vale, me habéis convencido, ya tengo una cuenta en Flickr. Hala, podéis meteros conmigo (Odeo, Flickr, ¿Web 2.0? Va a ser que no).
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