25.07.06

Tyger

Enviado a General, Cine a las 16:58 de Javier Romero

Impresionante animación del brasileño Guilherme Marcondes, basado en un poema de William Blake. Podéis descargaros el vídeo directamente, o si lo preferís, lo véis desde youtube. Y si queréis más información del corto, visitad la página.

Visto en divx clásico.

Parte 4: el circo

Enviado a Saudade a las 15:03 de Javier Romero

De niño me gustaba mucho el circo; recuerdo que todos los veranos en mi ciudad venía el mismo circo, y todos los amigos quedábamos para sacar las entradas y poder ver, año tras año, el mismo espectáculo. No era el mismo espectáculo, intentaban innovar e introducían un pequeño cambio cada verano, así que aguardábamos con impaciencia descubrir la nueva sorpresa con la que dañarnos las palmas de la mano tras aplaudir un buen rato.
De los años inolvidables bajo la carpa, recuerdo especialmente un grupo de cinco artistas, magos del espectáculo, eran increibles. Me gustaría volverlos a ver, pero quién sabe dónde habrán instalado sus raíces mágicas.
El primero en aparecer se llamaba (creo recordar) Jaime Bustos. Solo, con apariencia despistada, se acercaba lentamente a los espectadores y pedía cuatro palabras. Por cada palabra, sonaba una débil nota de piano y, cuando se silenciaba la última vibración del instrumento, comenzaba una historia, una historia que surgía de su imaginación y que concatenaba las cuatro palabras. Lo mejor de todo era que sus historias realmente conmovían, y cuando terminaba y volvía a pedir cuatro palabras la gente se agolpaba a su alrededor para ofrecerle cuatro palabras más. No podía empezar mejor la tarde cirquense.
Casi sin descansar, cuando Jaime se retiraba, aparecía Alberta, como de tapadillo, portando una maceta con sus manos. Nuevamente, sonaban cuatro notas musicales que alertaban a la gente, les susurraban: preparaos, que comienza otro mágico rato.
Efectivamente. Sin apenas percibirse, de la maceta crecía un árbol, lentamente pero sin detenerse. Y, cuando el árbol llegaba a una altura respetable, dentro de su tamaño, florecían tiernos amantes que intercambiaban miradas tímidas, al principio, se recitaban poesía, a continuacion, y desaparecían bajo la tierra de la maceta para unir sus energías. Nunca eran los mismos amantes, sino que eran creados según el ambiente de la tarde. Pero siempre se amaban, porque las manos de Alberta eran tiernas y sensibles, y emanaban ternura y sensibilidad.
Para hacer desaparecer la intimidad y permitir el alboroto y jolgorio del respetable, del cielo caían los mellizos, nunca dijeron su nombre. Uno de ellos agarraba una paleta y, antes de llegar al suelo, sacaba un pincel y dibujaba líneas de colores. Al cabo de un rato, descubríamos que lo que pintaba era un arco-iris que nacía de un agujero. Y de este agujero aparecía una especie de cuerno. Sí, era el cuerno de un unicornio, majestuoso, inmaculado, que se preparaba para que el otro mellizo lo montara y empezara su número. Delante, el mellizo pintor que dibujaba el camino; detrás, el jinete esbelto que mostraba a su compañero más admirado. Daban vueltas y vueltas por la pista, iban hacia arriba y hacia abajo, pintando y viajando por arco-iris mientras la gente aplaudía al verlos pasar. Se encendían todas las luces del circo y les ofrecían serpentinas a la gente para que jugaran con los artistas, y recuerdo que sonaba música alegre con la que acompañar las coloridas pinturas.
Y al llegar la noche y esconderse los mellizos, exaustos pero felices, llegaba él, un personaje único de una personalidad exultante. El negro poeta, poeta de poetas, envuelto en su capa, semioculto, buscador de ambientes sórdidos. Y buscaba entre los espectadores y localizaba a los poetas que iban a ver su espectáculo, y se acercaba a ellos, e introducía su mano en su pecho y tocaba los corazones de los poetas, y les arrancaba un pedazo y se lo comía; y, pedazo a pedazo, creaba versos, cada uno de un poeta distinto, pero que juntos eran creaciones capaces de hacer llorar a los mismísimos muertos. No había lugar para la alegría, solo para el desaliento.
Así, al final, todos volvíamos a casa cabizbajos, hundidos en una melancolía que al amanecer se convertía en deseo de volver al circo, una y otra vez, para intentar descubrir la magia oculta en los cinco genios.
Me gustaría tanto volverlos a ver.

22.07.06

Susurros femeninos

Enviado a Música a las 16:09 de Javier Romero

Como en verano es muy agotador ser un headbanger, prefiero sensuales voces femeninas que me susurren al oído :p, sin grandes alardes vocales (quiero decir, que no sean simples chillonas), pero de gusto (más o menos) exquisito. Lo que no quiere decir que de vez en cuando elija alguna canción tontorrona que tenga más o menos gracia.

En resumen, que lo que quiero decir es que este verano me ha dado por escuchar a (en orden alfabético):

Y alguna más que se me olvida.

Xara Xtreme

Enviado a Software a las 14:43 de Javier Romero

Hace algún tiempo, cuando caí en el error de pensar que un informático también debía saber de diseño, y supongo que más por mi afán de probar programas que por deseos de conocimiento, flirteé un poco con algunos programas de edición vectorial, ya sabéis: el corel draw, el freehand, todos para Windows y de pago.

Nunca se me ha dado bien el diseño, y encima estos programas me parecían lentos, inútiles para las tonterías que quería diseñar y, en definitiva, me aburría mucho.

Por suerte, un buen amigo que además es un buen diseñador (de los que no le importa el programa- ¿corel, freehand o illustrator?-, ni el sistema informático -¿mac o pc?-, sino que tiene las ideas claras), me enseñó un programa muy ligero, sin añadidos extras y suficiente para mí y para mis modestos ordenadores (nunca me compro los últimos modelos, no sé qué hacer con su potencia). Ese programa era el Xara y me entusiasmó su ligereza y, no obstante, potencia. Al menos, para un diseñador desastroso como yo, era más que suficiente. Y a medida que me explicaba la historia del programa, más me convencía. Por eso me alegré cuando me enteré hace unos meses que el programa iba a ser distribuido como open source para Linux y Mac OS X, aunque también tenía mis reservas por si al final les salía una versión incompleta, o poco funcional.

El caso es que hoy se me ha ocurrido bajarla y probarla y, oye, funciona fantásticamente bien, tan ligera como la recordaba (ahora en Linux), tan potente como me interesaba, y realmente recomendable para tod@s los que queráis un programa de diseño vectorial impresionante e imprescindible. Probarlo, porque de verdad merece mucho la pena. ¿Por qué no alguna de las grandes empresas de software se decidirán a desembarcar en el territorio Linux?

La descarga, por esta calle del barrio.

21.07.06

Simplemente, el mejor

Enviado a Programación, Software a las 16:11 de Javier Romero

De vez en cuando, en informática (como en cualquier rama) descubre a alguna persona que verdaderamente merece tu admiración y respeto. Hoy os voy a hablar de un personaje que, en mi humilde opinión, es y será el mejor programador que he descubierto nunca, y uno de los pilares básicos del software actual. Hoy os voy a hablar de Harry Gillmour.

La primera vez que oí ese nombre fue a través de mi profesor de algorítmica, que me refirió unos pocos trabajos suyos. Por desgracia, su terrible pavor a las relaciones sociales hizo que se relegara al más absoluto ostracismo; aparece como colaborador en bastantes artículos, pero no como único autor. Una lástima, porque los que lo colocen dicen que es ciertamente brillante, tanto que vive en un centro psiquiátrico en Alemania. Cuentan las leyendas que la primera vez que Ritchie pasó por su lado en uno de los pasillos de los laboratorios Bell, percibió su inteligencia, se detuvo frente a él y le dijo: tú trabajarás conmigo. En fin, leyendas al fin y al cabo.

En uno de sus primeros escritos diseño y programó un juego muy parecido a lo que después se convirtió en el Darwin (¿casualidad, señor Ritchie?), y dicen que los que lo transcribieron se quedaron perplejos al comprobar que el código no dio ni un solo error, y que funcionó según lo esperado. Increible, si tenemos en cuenta que Harry NUNCA usó un ordenador físicamente. Extraordinario.

Lo increible del personaje no era que sus programas escritos en papel y que estaban formados por miles de líneas de código no contenían ni un solo error, tal era su capacidad de abstracción y razonamiento. Lo increible fue que imaginó conceptos que surgen actualmente pero que en su día fueron tachados de locura (de ahí que haya acabado como lo ha hecho). Influyó en el pensamiento (y obra) de Ritchie para que el C fuera lo que es, y cuando surgió este lenguaje, ya estaba esbozando una especie de programación orientada a eventos, que es la que conocemos actualmente. Sin una tecla que pulsar, tal era la fuerza de su mente. Los mejores ingenieros de Bell se lo rifaban para obtener una simple idea suya, aunque es verdad que muchas veces sólo le pedían que inventara palabras técnicas para definir significados totalmente distintos.

Tampoco me quiero enrollar demasiado; si queréis descubrir más cosas sobre esta personalidad tan característica, por supuesto podéis buscar en vuestro motor de búsqueda favorito ;) . Contadme lo que descubráis.

18.07.06

Simpatía por el diablo.

Enviado a General, Opinión a las 21:36 de Javier Romero

Qué gran anime, Cowboy Bebop, de Shinichiro Watanabe, que dirigió dos cortos de Animatrix y creador de Samurai Champloo. Es curiosa la fantástica mezcla western-cine negro-jazz y samurais-hip hop de sus dos obras principales. La banda sonora de cowboy es esencial, brillante, llena cada episodio con una majestuosidad que sólo ha conseguido Tarantino en sus películas.

Muchos episodios de cowboy bebop tienen nombre de canción, y precisamente la que pone título a esta entrada, canción usada para especial lucimiento de Keith Richards, es magnífico, me recuerda especialmente a Akira. ¿Será por el niño?

Recuerdo que leí, pero no sé dónde, que Joss Whedom se basó en Cowboy Bebop al crear Firefly; me imagino que le ocurriría en el mismo grado que a George Lucas al basar su Guerra de las Galaxias en la fortaleza escondida de Kurosawa. En cualquier caso, habiéndome gustado la serie del creador de Buffy, me quedo con el anime por profundidad, por estilo y por ese derroche inigualable de estética-historia que sólo los maestros japoneses saben magnificar.

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