19.12.06
Podcasts
Cuando este mediodía he leído la última entrada de Topopardo (hasta la fecha, claro), he pensado en dejarlo pasar y escribir cuando tenga algo más de tiempo del que dispongo actualmente; pero como la tarde ha sido larga, me lo he pensado mejor y voy a dar mi opinión. Yo hago lo mismo que él, iba a dejarle un comentario pero he preferido escribir esta entrada (así doy la sensación de que sigo vivo, cuando en realidad me diluyo en el limbo… ah, no, que el limbo ya no existe
).
En las charlas de Barcelona, un oyente comentó que no se imaginaba haciendo un podcast por el tiempo que te debe quitar; él era un blogger y le costaba escribir constantemente, así que tampoco entendía muy bien que yo defendiera la edición en el podcasting (si no tienes tiempo para grabar, imagina para editar).
Y tenía razón. Para grabar cuarenta minutos necesitas como mínimo una tarde, o una mañana del sábado, o mucho, mucho tiempo. Da igual que leas tu feed, que intentes hablar de tus pelis favoritas o de los estrenos más actuales; que seas un figura en movimientos sociales a través de la red o que conozcas al dedillo los cachivaches de última generación. Da igual que hables de manera brillante y amena y conozcas el medio como la palma de tu mano. Incluso da igual que tengas todo un equipo con el que poder trabajar, o que reúnas a una panda de amigos para charlar un rato (perdón por los que he olvidado…). Todos demostramos que un podcast necesita tiempo (bueno, algunos intentan demostrar lo contrario
), y es necesario pensar primero en las patatas y en las obligaciones que a diario nos atan de manera exclusiva. Y os prometo que, aun con el peso de estas obligaciones, piensas en cómo grabar el próximo podcast…
Qué manía con buscar locutores profesionales en el podcast. Sí los encuentras, y muy buenos, pero debe ofender en cierta medida el intento de equivalencia entre un profesional de las ondas y un podcaster. Lo primero, un respeto al profesional, porque quien vale vale y quien no también ha dedicado mucho esfuerzo por llegar a donde está (a los terceros, los que han llegado pero no valen nada, no los nombro). Y un respeto al podcaster que cuenta lo que sabe, como lo sabe y a la gente que quiere; que con mucha, muchísima ilusión, antepone sus ganas de dar a conocer sus aficiones y temas favoritos, importándole un comino su mala dicción. O sus ruidos de fondo. Yo, de mis podcasts preferidos, doy prioridad a dos cosas: las personas que hay detrás (tengo mucha suerte al haber encontrado grandes amigos detrás del cutre-micro) y los temas que me quieren contar, que comparto alegremente.
Ampliaré esta entrada dentro de dos meses
. Retomaré el tema hablando de las críticas constructivas.