29.03.07
Enviado a Música a las 18:56 de Javier Romero
De joven me encantaba la introducción del documental “La aventura de las plantas” que he encontrado entre los vídeos de Google. Creo recordar que los documentales estaban muy entretenidos, pero es que a mí la animación siempre me ha llamado mucho la atención (y no solo la infantil, que me acabo de comprar tygra en DVD
. Mucha culpa de que embobara viendo la televisión la tenía la perfecta comunión entre la animación y la hipnótica música de Jöel Fajerman, también usada en la radio. El disco lo tenía en vinilo, lo dejé y lo perdí. También lo tuve en CD, pero no recuerdo si lo he perdido. El autor no me parece especialmente prolífico y es cierto que el disco aburría a la larga, pero una canción, la primera, flowers love, los cinco minutos iniciales, merecían la pena. Supongo que no será demasiado difícil encontrarla por ahí.
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05.03.07
Enviado a Software a las 20:45 de Javier Romero
Para comenzar a explorar la Nintendo DS, había pensado en programar una aplicación para mostrar el conjunto de Mandelbrot en todo su esplendor aunque, claro, al ser la primera prueba y requerir mucho cálculo, posiblemente no sería capaz de averiguar si se está dibujando o si se ha quedado colgado
. Así que he buscado por Internet y me he encontrado con la aplicación deseada. Creo que empezaré con otra cosa más visual.
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02.03.07
Enviado a Literatura a las 21:09 de Javier Romero
Es raro, muy raro, que me deje a medio leer un libro. Suelo emperrarne -siendo un sinsentido- hasta la extenuación para terminar las páginas de los libros que me compro, así que si abandono a mitad un libro, es que algo pasa…
Y algo ha sucedido con Elogio de la Lentitud, de Carl Honoré. Lo compré porque en algunos blogs recomendaban su lectura y, además, el tema me atraía. Craso error.
La aceleración en nuestra sociedad es un problema importante, cada vez más. Vivimos en un entorno marcado por la rapidez donde, es mi opinión personal y me acongoja lo suficiente, aun nos dejamos llevar por la cultura rápida… Nos inunda la sobreinformación, pero queremos más, nos hace falta tiempo para todo porque no tenemos tiempo para nada. En el origen estamos de acuerdo.
Ahora bien, cuando leo un ensayo me gusta sumergirme en el problema, analizar (y eso también significa criticar de forma abierta) las posibles soluciones y, en definitiva, reforzar conclusiones.
El libro en cuestión nos va a enseñar diversos movimientos lentos en distintos ámbitos. Muy bien.
Movimiento lento en la comida. El colega me explica los beneficios del estilo de vida mediterráneo… Un momento, conozco a la perfección el estilo de vida mediterráneo. ¿Debería pasar de este capítulo? En principio, no. El autor me muestra y propone una forma de alimentarse idílica: horas de reposo mientras hablas con la excelente compañía que tienes al lado, comidas bien preparadas en su punto. Vale, pero da la casualidad de que a mí no me va a convencer con el estómago, no soy persona que disfrute de una mesa bien preparada (eso sí, no me gusta nada la comida rápida).
Hablemos de las ciudades; se debería conducir más lento y usar poco el coche… Ya me empiezan a mosquear, porque no tengo coche y no me gusta la conducción. Esto me recuerda a un debate que tuve con un compañero de trabajo al que intenté explicarle que mi infancia la disfruté jugando en casa porque en el trayecto del autobús me daba tiempo a hacer los deberes. Yo era el único niño de la clase que no se quejaba por la cantidad de trabajo que debíamos hacer en casa XD. Así que este capítulo tampoco me llena.
La salud y el sexo. En lo relativo al sexo, comenta el sexo tántrico, hacia dentro. A ver, por definición soy hombre, y acepto plenamente la teoría de mi admiradísimo Sábato en el sentido de que los hombres miramos hacia nuestro exterior, mientras que las mujeres se asoman al interior; el hombre es abstracto, la mujer es concreta; el hombre mira al espacio, la mujer mira al feto. No hablo en sentido estricto, no me mainterpretéis, hablo de un sentido innato en nuestro sexo, aunque esto daría mucho tema para hablar. A lo que voy, que me gusta mi sexo exteriorizado y no me apetece para nada interiorizarlo, hay que expulsarlo, vaya! (momento ligeramente soez, ironía incluida).
Con la salud ya noté mi irritación, puesto que comenzaban a salir terapias pseudocientíficas (borremos el lado científico de la oración) donde nos relajamos, nos miramos las entrañas y nos sanamos gracias a nuestras propiedades sugestivas. Noto que al autor no quiere lanzarse al vacío por el lado de la new age, pero lo frena más como intento de conformar a los escépticos que como creencia personal.
Y ya con el trabajo, me da la risa, sobre todo al pensar en empresarios super-chuli-guays que piensan en las 24 horas qué deben hacer para acomodar a los trabajadores para que se relajen mientras trabajan, en vez de trabajar mientras deberían estar relajándose.
Ironías aparte, y terminando con este tocho, esperaba un ensayo más comedido, crítico, que me diera una representación de un problema y me mostrara soluciones factibles; sin embargo, me he encontrado con un catálogo de tele-tienda donde me habla fulanito de sus bondades en las actividades lentas, pero donde no se aprecia ningún estudio concluyente sobre la enfermedad de nuestra sociedad.
Ahí queda eso.
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