22.02.09

entropia52

Enviado a Opinión, Internet, Informática a las 11:04 de Javier Romero

Decidí nacer un día como entropía52; no pedí venir a la red, sino que ella me atrapó a mí.

Empecé como lo hace cualquier hijo de vecino: un amigo de un amigo de un amigo que oye hablar de las redes sociales, que son muy cool y todas esas palabrejas inglesas que nadie entiende pero que son autocomplacientes. Un enlace de dudosa procedencia me recomendó perder el hímen digital con flickr, así que comencé a subir mis fotos; primero, lentamente, con miedo, con el dolor sentido de la pérdida de cualquier tipo de privacidad, y a la vez con el placer extremo de sentir inocentemente el deseo plural de convertirme en puro fetiche. Es difícil explicarlo, es difícil describiros cómo nace una bestia que fotografía hasta la más diminuta mota de polvo con tal de atrapar todos los rincones de su propio mundo. Sólo puedo decir que noté las garras de mi animal enjaulado cuando pagué la cuenta pro del Flickr. Y entonces noté un fogonazo interior, un destello con el que no contaba; me transformé, pero no sabía hasta qué punto. Cuando mis amigos me lo advirtieron era demasiado tarde, el tiempo nunca se detiene.
Mi imagen real se había vuelto en blanco y negro, mis colores habían desaparecido. Me gustaba usar camisetas horteras pasadas de moda, pero en cuanto rozaban mi piel el color se convertía en humo; lo peor era que yo no me daba cuenta, pero no dejaba que los demás me avisaran: están locos, pensaba, ¿no ven mis naranjas plateados?

Nací en facebook y en twitter, sin saber la unión de hecho entre ambos, navegaba de la pestaña de inicio de facebook a la pestaña del hogar dulde hogar del Twitter, y escribía lo mismo en los dos, o comenzaba en uno y terminaba en otro. Las dos páginas se fusionaban en un movimiento lisérgico de proporciones bíblicas. No recuerdo la fecha exacta (de hecho, me cuesta horrores recordar fechas), pero sí sé que coincidió con mis problemas de piel: me comenzaron a salir caracteres ascii por todo el cuerpo. Un dermatólogo privado me recetó algunos fármacos, pero no dieron resultado y evité esfuerzos; me resultaba gracioso ver una virgulilla en mi ombligo.

Me regalaron una cámara de vídeo y, claro, fue la puntilla para abrirme una cuenta en youtube. Me agencié un micrófono sólo para subir mi voz a ivoox. Necesidad, esa era la palabra; necesidad de la bestia de abrirse paso entre la espesa vegetación que hasta entonces no había permitido mostrar el horizonte, un infinito de muchos destinos, unos puntos lejanos que podía atraer con distintos sentidos pero que, aún seguía sin entenderlo, me robaban mi existencia. Con el vídeo, mi imagen se tornó en una densa niebla móvil que a ratos esbozaba mi imagen. Con el sonido, mis cuerdas vocales atrapaban los sonidos de mi entorno, creando una melodía muda, hueca, vacía de contenido. Con el texto, mis átomos se transformaban en caracteres que parecían querer escaparse y formar sus propias frases… Y mientras tanto, caía en todas las redes que encontraba; cuando mi nombre de usuario ya existía en una sociedad, le añadía los caracteres que me caían al dormir, o tal vez se cayeran porque los usaba en los nombres, da igual. Fui entropia5225, entropiaentropia, noentropia52, no52entropia, entro5pia2… Cada vez era más complicado subsistir en todas las redes, pero soy cabezota, y reprogramé el flock para añadirle todas, todas las redes que encontraba, cada vez más. Dejé de comer para escribir, grabar y emitir en todos los lugares posibles, y cada tecla pulsada me hacía perder un pedazo de mi piel, ahora convertida en una niebla formada por dos simples cigarrillos. Unía a amigos que nunca había visto, llamaba a las puertas de eventos que nunca podría observar, pero me daba igual, la sensación de que me estaba rompiendo me alegraba, era una sensación masoquista que me causaba dolor al intentar aporrear las teclas o al capturar mi desconocida voz con el micrófono, pero al mismo tiempo conseguía acercarme a la utopía de la ubicuidad gracias a las redes de la red. Me cargué las bases de datos de muchos aplicativos, llegaba al tope de amigos, al tope de mensajes, al tope de ficheros subidos; los webmasters me apredeaban cuando me veían aparecer y yo, en vez de dar media vuelta, esperaba con ansia que las piedras golpearan mis mejillas para sangrar más caracteres: matadme si queréis, pero he grabado mi huella en las redes y nunca podréis borrarla, soy entropia52, el único dios al que rendir pleitesía, me como aún calientes los huevos arrancados al monstruo de espagueti volador, no podéis vencerme, ataco desde todas las ips inimaginables, me habéis convertido en un mito del nuevo siglo, en el amo de la información, en el amo de todas las palabras, mis amigos escriben en mi piel como si grabaran tatuajes, mis ojos son dos cámaras web conectadas a puertos USB que reciben voltajes mortales, cuidaros de mí porque me puedo desplazar de frase en frase, de buscador en buscador, conozco todos los avatares creados y por crear, no destruiréis mi reinado, temblad, escoria binaria, porque llego yo, entropia52, sin cuerpo, sin volúmen, sólo con el poder de las frases a 140 caracteres por segundo, al HD de vimeo, a las ontologías de Twine, no podéis vencerme, me he convertido en la red; soy la próxima generación de las ips, soy la red anónima, el saco donde duermen los monos de las frases aleatorias. Soy entropia52, huid cuando me veáis.

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21.02.09

El podcast de soliloquios 307

Enviado a Podcast a las 14:13 de Javier Romero

Entropía suena a desorden, a caos, a rebelión. Da nombre a un episodio aparentemente tranquilo, de música relajada y silencios largos. Aún así, no todo es lo que parece.

Música del podcast:
ARTSomerville - Wisteriax at the nave gallery. Descargado de Jamendo.
ARTSomerville - Yael Bat-Shimon Improvisations. Descargado de Jamendo.
I hold your back - Fragmento de Userbarna.

Enlaces del podcast (con cierto orden aleatorio):
Pataca Minuta
. ¡Gracias, Gelical, qué gran colaboración!
Podcast-es.
El templo de los nenúfares.
El algoritmo de Shazam (PDF).
Yacy.

Mi frase favorita del podcast: la problemática del problema.

Puedes usar la sindicación (manual, cutre) clásica, o sindicarte por blip.tv, más mono y con los enlaces del podcast.

El fichero mp3 lo puedes descargar aquí (36MB).

02.02.09

10 años con software de gestión

Enviado a Personal, Opinión, Programación a las 9:29 de Javier Romero

Llevo 10 años programando software de gestión a medida. Son muchos años, y dan para muchas experiencias, aunque realmente puedo hablar de pocos proyectos debido a los ciclos temporales que llevan implícitos, normalmente un mínimo de dos años.

En estos años he tenido éxitos y fracasos, donde asumo mi culpa. En la mayoría de los proyectos no he tratado con el cliente; simplemente me he encargado de implementar un sistema a partir de otro más antiguo. Por supuesto, el cliente te informa de su trabajo y te guía en el aprendizaje del sistema, aunque también es cierto que te hace perder mucho tiempo con asuntos que no están directamente relacionados con el trabajo en sí, y eso es algo que a mí particularmente me frustra. No puedo evitarlo, soy programador de biblioteca.

En mi experiencia, existen dos factores que necesitan un equilibrio casi extremo y que si no eres capaz de controlar, te empuja al fracaso más absoluto: por una parte, el tiempo del proyecto, cuán difícil es estimar y que los cálculos resulten. Ya sé que los ciclos cortos tienden al éxito, y que la retroalimentación es importante, aunque en mi defensa, aún no he explicado las peculiaridades de mi trabajo. Con este trabajo no vivo, es más un cierto hobby que me permite un sobresueldo, así que no dedico todo mi tiempo a él; con esto, el cliente y yo establecemos una especie de acuerdo: el proyecto es más barato a cambio de flexibilizar los periodos de entrega. Además, como he comentado, suelen ser reprogramaciones de aplicativos ya en funcionamiento, con lo que la parte de diseño y análisis están parcialmente adelantados.

El segundo factor a tener en cuenta, y que cuando comenzamos no nos damos cuenta del daño que nos puede hacer, es que nuestra mente de ingenieros (por llamarlo así) divaga y busca una solución más amplia, más general, de lo que realmente queremos hacer. Pensamos en el supersistema, en ese que nos permitirá afrontar cualquier ramificación o problema que nos venga en el futuro: deseamos implementar un sistema gigantesco, funcional, maravilloso; el cliente pide monousuario, nosotros lo realizaremos multiusuario, con un servidor especializado y adaptado para trabajar incluso off-line, con formularios repletos de lucecitas que se encienden y se apagan, con heurísticas sorprendentes sobre análisis para la dirección… Chorradas, este factor es particularmente peligroso porque, o lo atajas, o te come vivo. Te gustará mucho innovar, pero por regla general los proyectos son mucho más prácticos que todo esto y, hazme caso, al final el cliente quiere lo que pide, no más (entre otras cosas porque tampoco querrá pagar más por algo que puede estar bien, pero que realmente ni le va ni le viene). Si quieres innovar, reserva unas horas semanales o mensuales para desarrollar software libre y olvídate para ello de tu cliente, al menos a corto plazo.

El software de gestión tiene una buena parcela de negocio, y no me parece tan desagradable como pueda verse desde fuera. Si hace 20 años me dicen que haría proyectos de gestión, creo que me hubiera escupido a mí mismo, pero hoy por hoy, y durante el recorrido, me ha gustado, he disfrutado, me siento seguro en un entorno donde el diseño no es especialmente importante (no soy diseñador, soy programador sin idea para el diseño), y tampoco me he cerrado a un entorno: C++, java y php han sido mis platos fuertes; amados a ratos, odiados en otros momentos, me han permitido aprender algunas cosas y demostrarme que, al final, poco sé de cada uno.