26.04.09
Enviado a Linux a las 13:10 de Javier Romero
Hago un comentario más o menos rápido para que la gente no se vuelva loca como yo, que llevo dos días intentando conectarme vía vnc al servidor con la Ubuntu 9.04 recién instalada y no va.
En resumen: si unimos vino, que es el servidor vnc para Gnome, con compiz y drivers propietarios de nVidia, podemos conectarnos vía vnc al escritorio, pero no actualiza las pantallas. Hay por ahí algún bichito (un bug, vaya), pero por lo que he leído no está claro a quién pertenece.
Solución: desactivar los efectos visuales. Con lo que me había costado poner en orden y bonito mi escritorio, ahora resulta que para acceder remotamente debo dejarlo en modo básico. Pero es lo que hay, no busquéis otras soluciones (al menos hasta hoy, 26 de abril de 2009).
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23.04.09
Enviado a Música, Opinión, Informática a las 18:24 de Javier Romero
(Nota mental: si tienes una idea para el podcast, lo normal sería coger el micro y grabar, pero no, tío listo, tenías que dejarlo rondar en tu cabeza meses y meses hasta que al final decidas escribirlo en tu blog, para que se te olvide listar la mitad de cosas que pensaste el otro día en el autobús, y encima con ese estilo tan retorcido que usas de vez en cuando. Ché, si quieres grabar, hazlo, pero hazlo, porque para grabar un podcast hay que: tener ganas, querer contar algo, montar un blog, darle un nombre, elegir un software de grabación y tener un equipo más o menos adecuado, socializar el podcast y si te da la gana escribir un guión, que no lo dices tú, pringao, que lo dicen los de Kafelog. Sí, te hablo a ti, al que escribe en soliloquios, deja de mirar hacia otro lado).
Hace poco un amigo me comentó que cuando me conoció y comenzamos a hablar de música la opinión que tenía sobre mí era, literalmente, que o yo estaba sonao perdido, o que tengo un gusto exquisito. Por supuesto, nunca me ha querido revelar con qué versión se ha quedado, yo creo que será la primera aunque necesito creer que en realidad es la segunda, por alimentar un poco el ego que en estos vespacios está de moda.
Me gusta Spotify, creo que es una buena manera de probar un nuevo modelo de negocio basado en la música y, aunque creo que no será el modelo definitivo, sí avanza el camino que determinadas personas se niegan a seguir.
Escuchar una especie de radio-fórmula a la carta es sensacional, con la programación que te dé la gana, sea con o sin anuncios, me parece la idea que debe evolucionar, y le pasará lo mismo a las series y programas de televisión, que terminarán ofreciéndose en streaming con anuncios insertados por aquí y por allá.
Noto algunos defectillos que se deben estudiar para, si no erradicar sí al menos mitigar el dolor, así que recomendemos a los creadores de la mascota que se tomen un par de gelocatiles para evitar ciertos males.
La excesiva dependencia de conexión es algo que, actualmente, aún no es trasparente. El día que los cacharros multimedia (idea brainstorming) activen la cuenta de Spotify para escuchar música sin ni siquiera encender la televisión, sin notar realmente que estamos conectados, sino que parezca que hemos encendido la radio del siglo XX, este tipo de ideas triunfarán. Mientras tanto, sigue siendo terreno limitado a geek-náticos.
Hace poco me cambié de móvil; me gustan sencillos, nada modernos, un teléfono está para lo que está, para llamar. Aluciné al saber que podía usarlo de reproductor de MP3, y como mi cacharro musical era antiguo y sobrevivió de manera milagrosa a una caída al water (menos mal que aún no había empezado con mis necesidades, no me preguntéis qué hacía con el reproductor en el aseo porque, entre otras cosas, no me acuerdo), decidí usar el móvil como MP3 player. Una semana después me compré un reproductor MP3. Caramba, un móvil que tardo tres semanas en recargar, con el rollo del MP3 tenía que cargarlo cada dos días o cada día, vaya rollo. En cambio, mi reproductor actual me tarda una semana en quedarse sin batería. Es un Zippy, baratito, nada de ipós, que aunque no tiene búsqueda de canciones no la necesita: no quiero que mi reproductor sea más listo que yo, así que me invento una codificación numérica para poner los discos que escucho a menudo al principio, y los que no sé si quitaré cuando vuelva a casa al final, y siempre con un salto numérico de al menos 10 números, que eso lo sé de basic, que así siempre puedo poner un disco entre dos, siempre hay sitio. Qué listos éramos programando basic. Y eso sin contar con lo caras que son aquí las conexiones a la red vía móvil, y que si te pasas unos cuantos unos y ceros te cortan aún más la velocidad. No son listos ni nada.
De las limitaciones regionales no voy a hablar. No, no voy a hablar.
Un día leí algo sobre borrar la carpeta de MP3 e instalar el Spotify. creo que un principio básico para que este modelo funcione es que la música que le gusta al usuario esté en el programa, no a la inversa. Me parece un error que el usuario busque, no encuentre, y se tenga que conformar con artistas parecidos. Sé que el problema es de acuerdos con discográficas y tal y cual, pero yo, como usuario, quiero, necesito, que las canciones que busque estén accesibles; de otro modo, no puedo borrar mi carpeta de MP3. Sólo de esta manera pagaré una cuenta pro, plus, o como la llamen.Recordando la opinión que mi amigo (no me dijo que) tenía de mí, pensé: voy a hacer un estudio, voy a elegir aleatoriamente cien discos de mi directorio de MP3 y voy a buscarlos en Spotify con unas pocas reglas: voy a permitir versiones remasterizadas, pero no extractos de discos en recopilatorios, o discos en directo en vez de estudio (o viceversa). Igualmente, aunque me sorprenda que tengan artistas raros raros, decido sobre discos que quiero realmente escuchar. Como en estos días, he oído hablar de yes.fm he comprobado si están estos discos y, para enfollonarlo más, como iTunes Store presume de catálogo, también los he buscado (simplemente por saber si mi 100% de discos están en formato digital).
Pues debo decir que he fracasado; o mejor, que he triunfado. Sumando los tres servicios, consigo tener un 80% de discos en la red, nunca el 100%. Es verdad que Apple tiene un 76% de discos, mientras que Spotify se queda en un 44% y yes.fm en un 39%, aunque soy consciente de que cuanto más tiempo transcurra, más acuerdos tendrán y habrá más discos, pero vuelvo a mi idea: el usuario necesita escuchar esa música sin importarle si hay acuerdos o no. Si buscas un día el disco y no está, raramente lo buscarás dentro de un mes.
Datos curiosos: hay 20 discos que no están en ningún servicio; 25 que están en los tres y 24 que sólo están en uno de los tres, de los que sólo 3 no están en iTunes Store.
Por supuesto, si queréis ver la lista con los discos, los tenéis aquí. La celda es verde si existen en el catálogo, y roja si no existen. La amarilla fue por una duda sobre el disco del Greco de Vangelis, puesto que tiene dos con el mismo título; creo que uno de los tres servicios tenía la carátula de uno y las canciones del otro, pero tampoco me hagáis mucho caso que no he verificado si tengo algún error.
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02.04.09
Enviado a Personal, Cine, Opinión a las 16:13 de Javier Romero
Recojo el guante de Roberto Pastor, y escribo lo que me gusta y lo que no me gusta.
Me gusta aprender
Me gusta enseñar
Me gusta ayudar
Me gusta preguntarme las cosas, las que sé y las que no sé
Me gusta la tranquilidad
Me gusta la calma
Me gusta el mar cuando no está calmado
Me gusta pasear por ciudades desconocidas
Me gusta pensar lentamente
Me gusta escuchar
No me gusta escucharme
No me gusta ningún tipo de fanatismo
Me gusta la cooperación
No me gusta la competición
No me gusta el engaño
No me gusta la hipocresía
No me gusta el todo
Me gusta la parte
Me gusta el caos (matemático)
Me gusta la ciencia
Me gusta la oscuridad
No me gusta la luz, me duele
Me gusta el frío
No me gustan las voces altas
Me gusta hablar muy bajito
Me gusta leer
Me gusta escribir
Me gusta amar
Me gusta ser amado
Me gusta el jazz
Me gusta el heavy
Me gustan las guitarritas
No me gusta el pop
No me gusta el reggeton
No me gusta el chumba chumba
Me gusta el cine que creo que es bueno
No me gusta el cine que creo que no es bueno
No me gusta odiar
Me gusta ser el abogado del diablo
Me gusta escuchar, habladme
La primera vez que percibí esta idea fue en un corte de Jeunet y Caro llamado Foutaises (1989) -enlace a Youtube versión original subtitulada en castellano-, que se proyectaba antes de Delicatessen, y que luego reutilizaron en Amèlie; me gustó tanto la idea que la utilicé para hacer mis primeros pinitos en Java.
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