27.06.09
Coraline y las 3D
Hace poco fui a ver los mundos de Coraline en 3D. Soy un incondicional de la animación en casi todas sus vertientes (nada de Barbies, un poco de Disney clásico, pero clásico y mucha animación experimental, que es lo chulo), así que acudí raudo y veloz a la cita con la última película de Henry Selick, director que nos sorprendió con Pesadilla antes de Navidad y que no lo hizo como esperábamos en James y el melocotón gigante. Por si esto no fuera suficiente, el guión parte de una historia de Neil Gaiman, del que por cierto os recomiendo el libro Buenos Presagios, escrito a cuatro manos con Terry Pratchett. A Gaiman puede que los conozcáis en el mundo del cómic (The Sandman), en el universo literario (Los hijos de Anansi) o en el séptimo arte (The mirror mask, intento pelín fallido de reinventar una trilogía junto a El Cristal Oscuro y Dentro del Laberinto). Precisamente, la última película imaginativa que vi y me agradó fue Stardust, que como os podéis imaginar, está basada en un libro del mismo autor (con algunos cambios de guión, pero no comento que me voy por peteneras).
Hay muchos blogs de películas y entusiastas críticos que, como yo, definen esta película como deliciosa e imaginativa; os aconsejo por tanto que naveguéis por espacios que saben explicar mejor que yo la historia y su calidad cinematográfica.
Ahora os quería hablar de las 3D, lo que me pareció. Sobra comentar que durante años he intentado visionar películas tridimensionales soportando estoicamente las gafas de cartón sobre mis gafas reales (¿por qué no han inventado todavía las gafas 3D que se puedan acoplar a las de verdad? Nunca he sabido cuál ponerme primero, aunque en mi opinión es más cómodo usar primero las buenas y encima las de cartón). Huelga decir que yo era de los que sí veía los estereogramas del libro el ojo mágico. Recuerdo el revuelo que se formó cuando Televisión Española anunció la emisión de una película de indios y vaqueros (lo siento, no recuerdo el nombre) en formato tridimensional; las gafas se vendían en los quioscos y rápidamente se agotaron. Daba alguna ligera impresión de volumen, pero en general no se apreciaba una mierda. Luego vi en el cine una película de miedo muy mala (tampoco recuerdo el nombre), con alguna escena de murciélagos algo decente y poco más; y una película con Paco Rabal y … estoooo … Ana Obregón (sic) … en plan aventuras, pero mala mala mala (El tesoro de las cuatro coronas). Como anécdota cruel confesaré que fui al cine pensando en verla en 3D, entré sorprendido porque no me dieron gafas -lo noté cuando empezó la película- y la vi en aburrido 2D, y aún así me gusta el cine, esto es lo que te hace fuerte, de verdad.
Mucho ha avanzado la tecnología en esto de las tres dimensiones, y se nota; las gafas son de plástico y no me molestan en exceso, y las tres dimensiones están muy conseguidas, aunque para variar y por poner la voz contraria a todos los periódicos que dicen que la gente flipa y flipará con esta tecnología, pongo unos puntos sobre algunas íes.
Primero: es caro, muy caro, y no vale eso de me guardo las gafas y la próxima vez me las traigo. Son listos, en mi caso tuve que pagar tres euros de recargo y, eso sí, te regalan las gafas. Pues por muy bien que se vea, que la entrada me cueste más de diez euros me hace pensar que veré Coraline, Up y se acabó.
Y segundo: que sí, que las tres dimensiones se ven muy bien, pero con este sistema no dejamos de tener un sistema de teatrillo, aquel que teníamos de pequeños (o al menos yo), con un escenario donde podías poner tres planos para construir la escena -un cartón que rellenaba todo el fondo, uno intermedio con detalles en los lados, y otro en primer plano para decorar el borde, y entre medio se acercaban y alejaban los personajes horizontalmente; vamos, el equivalente a un arcade horizontal con multiplanos para el scroll
-. No hay más, podríamos equipararlo a los planos fijos de la animación tradicional, las superficies no son continuas y con volumen, sino que apreciamos claramente la separación de planos en el plano z, valga la redundancia. Y para esto, diez euros por persona me parece una exageración. Seguro que será un éxito, pero yo creo que la gente se cansará al no apreciar una mejora sustancial (siempre a contracorriente, hay que ver).