14.07.09

Urcalanda vive y muere

Enviado a Personal, Literatura a las 19:59 de Javier Romero

Supongo que no os sorprenderá si os digo que me gusta escribir; siempre lo he hecho y, aunque últimamente la inspiración me tiene abandonado, espero tener a mano un bolígrafo, o un teclado, para poder trasladar mis fantasías al papel.

Hace poco comenté en Facebook que he empezado a escribir un libro. No es el primero, hace muchos años escribí tres o cuatro. Recuerdo un libro-conjunto de escritos en plan Tolkien, con mapas dibujados y una historia larga usando varios idiomas y nombres alternativos para cada personaje. Y todo empezó con una pareja de amigos en el colegio, Pitusa y Mastodonte les llamé; todos los días escribía más de un folio que luego les enseñaba para que disfrutaran de sus propias aventuras. Al menos, no se quejaron mientras lo leyeron.

También escribí un peñazo existencialista con 18 ó 19 años, siendo el único escrito que me atreví a enviar a una editorial y que, por supuesto, me devolvieron indicándome la poca calidad literaria que tenía.

Siendo muy pequeño, recuerdo haber tenido a los habitantes de un pueblo pendientes de mis escritos. Me encanta coger personas reales, transformarlas mágicamente y hacerles vivir aventuras apasionantes. Huelga decir que mis primeras aventuras conversacionales tenían lugar en la Alhambra, o con amigos integrantes de la Hoguera de mi barrio.

Ahora, con más años y con una manera distinta de pensar, me atrevo a grabar relatos con otra visión más reposada, me da miedo a decir más adulta por obvio. Y por eso me apetece escribir una novela que posiblemente sea de ciencia ficción aunque la decore con aspectos fantásticos. De ahí la unión de mi mundo más imaginativo, Urcalanda, con retazos científicos, aparentemente sin ninguna conexión, pero con una relación que sólo yo conozco y que ofrezco en ese momento, en ese lugar, en ese instante. Por eso creo necesario mostrarlo. No es nuevo, no es un lugar que tengas que descubrir; son anotaciones pausadas de mi pensamiento. Es Urcalanda y, por supuesto, estáis invitados a descubrir su cultura.

12.07.09

Lost In Podcast Rock (V)

Enviado a General, Humor, Podcast a las 8:04 de Javier Romero

V.- Oda al héroe
Oh, gran tanguí, tanguí-man, héroe de leyendas, mito indestructible que destruiste el mito.
Desenterraste el hacha de guerra contra Yata#, le obligaste a mostrar su maestría con el teclado en un duelo magistral de Frets on Fire.

Tú, que fuiste capaz de levantar hordas de esqueletos de códigos inutilizables para que controlaran los algoritmos genéticos mutados incorrectamente; tú, que inventaste la teoría cuántica mezclada con unas gotas de ajo y perejil; tú, que enamoraste a flícara y, de la misma manera, la desterraste porque no fue capaz de convencer a clipito para que huyera del mundo de micro-office.

(Última nota: lo del concurso que comento en el capítulo IV no tengo ni pajolera idea de lo que era, así que no me vengáis con que estáis esperando el concurso; haberme insistido más en su día para que sacara la grabación, chincha rabiña).

11.07.09

Lost In Podcast Rock (IV)

Enviado a General, Humor, Podcast a las 7:16 de Javier Romero

IV.- El follón
Los jinetes del mvc eran temibles: rubyrailón, chango y pechepenuken sembraban las dudas por donde pasaban. Nadie era capaz de aguantar los mareantes ataques de los tres sombríos guerreros. Aun Tanguí-man les temía, puesto que eran capaces de recorrer todos los caminos imaginables que les separaban (teniendo en cuenta que sólo les separaban cinco malditos metros que se podían recorrer trivialmente con una intrucción en logo).

¿Por qué, jinetes del MVC, secuestrasteis a Flícara? ¿Quién os lo pidió?

La cuestión es que Tanguí-man buscó por los buscadores pero nada encontró; buscó en la internet profunda y en la visible; usó microformatos y macroontologías, pero todo esfuerzo resultó vano. Así que nuestro héroe tuvo que recurrir a su única solución: crear su propio motor de búsqueda. Trabajó durante meses en su herrería con ayuda de sus amigos los helpers, que le ayudaron en todo menos en el algoritmo de preparación de un café. No os podéis imaginar la cara de Tanguí-man después de chorro meses sin tomar un café. Su foto de aquella época compitió en ebay con los gallumbos que Bill Gates llevaba cuando oyó por primera vez que los programadores querían liberar sus códigos. Imaginaos millones de saltos corriendo por las calles. Los de Bill Gates no fueron los únicos gallumbos que se mancharon aquella noche.

En este punto de la historia estaréis tan liados como yo; seguro que os vendría bien un descanso porque hace mucho tiempo que habéis perdido el hilo y ya no sabéis por dónde vamos. Pues os aguantáis, porque ya estamos muy cerca del final. Este descanso lo he pensado con malicia, porque ya no sois capaces de parar el reproductor MP3 porque si quisiérais saber el final tendríais que escuchar todo otra vez, así que estoy seguro de que no vais a darle al botoncito del stop (ja ja ja, soy maligno…). Eso sí, si ahora mismo pulsáis ese botón os arrepentiréis porque en uno de los dos capítulos siguientes voy a sortear un maravilloso regalo entre todos los que escuchéis este podcast y para ello necesitareis una información muy valiosa que indicaré claramente en uno de estos episodios; así que estad atentos. Y si tenéis la tentación de ir buscando con la barra de desplazamiento del reproductor, os aviso de que realmente la información se obtendrá en dos o tres lugares distintos de la audición y, al menos que hayáis escuchado todo, no sabréis dónde la comento. Sí, lo reconozco, ni yo mismo sé de dónde saco tanta maldad.

Ahora nos toca beber de las aguas de la fuente del tiempo, puesto que sólo en el pasado pudo encontrar Tanguí-man una pista para encontrar en su motor de búsqueda el paradero desconocido de Flícara. Si tenéis vértigo no bebáis, porque yo no me hago responsable; yo no tengo nombre, sólo soy el narrador.

10.07.09

Lost In Podcast Rock (III)

Enviado a General, Humor, Podcast a las 6:54 de Javier Romero

III.- Flícara
Yata# tenía una amiguita con derecho a roce (ji ji) llamada Flícara y que conoció en su juventud cuando ella era una fotógrafa aficionada a recoger las fotografías que encontraba. Dicen las crónicas que ella era muy guapa y que era capaz de pintar minúsculos puntos en las fotografías que recogía de manera que podía indicarle de forma oculta a Yata# que le quería. Y Yata#, que no cogió la asignatura de esteganografía porque le sonaba a prueba de natación sincronizada nunca entendió los mensajes ocultos de Flícara. Los reporteros de la revista “el bit no lo es todo” realizaron un profundo estudio de investigación para llegar a la conclusión de que la falta de entendimiento de Yata# hacia los mensajes ocultos de Flícara propició ese odio característico que tiene el malvado líder hacia su amada. Tal vez, explican los reporteros, es que nunca se hayan hablado bajo la luna llena.

Cuando le conoció, Flícara flipó con la flema de Tanguí-man, e intentó flirtear con él regalándole una flor que adornó con un floripondio que daba flatulencia. Como vio la cara de desagrado de Tanguí-man, lo intentó con un flaón, pero también resultó flébil, así que por último se armó con su flauta flava y susurró flautillos que fletaron una flechería que acabó en el corazón de Tanguí-man. Flícara consiguió conquistar su corazón. Y con él, el odio eterno de Yata#.

Pero Flícara no era un booleano, un sí o un no, un uno o un cero, una mujer buena o una mujer mala. Aunque amaba a Tanguí-man, prefería la cercanía de Yata# y a él le ofrecía sus presentes. Y su cuerpo. Todos los días, ella se fotografíaba desnuda y cortaba las fotografías en pequeños trozos que daba a su mascota Jimpo para que las ocultara en los reportajes de las batallas. Por supuesto, Yata# no se enteraba de nada, aunque se enfadaba mucho cuando los soldados se copiaban legalmente (o ilegalmente según los diabólicos sejiajitos) las revistas de “Hordas gaussianas”.

El arma más poderosa con que contaba Flícara era su book, un resumen de sus millones de fotografías. Era invencible. Primero porque lo tiraba sobre el enemigo con una fuerza tal que casi nadie era capaz de soportar el peso del book. Segundo porque, en caso de poder agarrarlo, abrir sus páginas implicaba caer en un sueño profundo, resultado de ver aburridos y eternos reportajes.

09.07.09

Lost In Podcast Rock (II)

Enviado a General, Humor, Podcast a las 7:09 de Javier Romero

II.- La batalla
En Python, Tanguí-man se refugió en la hermandad de los simples objetos y allí estudió los movimientos de Yata#. Para ello, hizo uso de los últimos avances tecnológicos y recurrió a antiguas amistades escaipianas que le proporcionaban pistas sobre los planes del malvado líder. Se vivieron momentos de tensión, ya que los escaipianos, a pesar de usar su estado de invisibilidad, podían ser detectados gracias a tiradas especiales de hacking sobre voIP. Por suerte, pudieron recurrir a las antiguas mulas para crear una red de escaipianos que iban dejando información escrita debajo de los bancos de los parques para que otros escaipianos la recuperaran. Era un sistema un tanto arcaico, pero ciertamente efectivo.

Lo realmente importante, porque yo mismo me estoy liando con esta descripción verdaderamente aburrida, es que Tanguí-man supo prever los malvados planes de Yata# y, aunque decidió no actuar, estaba perfectamente informado de sus conquistas y batallas.

Quince líneas de programación le bastaron a Tanguí-man para crear estaciones que albergaran a los agentes inteligentes encargados de recopilar información vital para el espionaje sobre Yata#. Pero eran tan sencillas que se convirtieron en frágiles, demasiado sensibles a los ataques de las hordas de Yata#, que descubrió las redes de Tanguí-man. Y como, después de todo, también era un maestro, no se dejó descubrir e implementó Honey-pots que atraparon a la mayoría de agentes.

Cuando Tanguí-man se dio cuenta, ya era demasiado tarde; las redes estaban corruptas, y las direcciones antiguamente correctas se ocultaban bajo bosques de impenetrables proxies. Ni siquiera los aliados del caótico país de Freenet eran capaces de arribar a sus destinos. Baste decir que para relatar los acontecimientos de la batalla, el cronista oficial sólo pudo dibujar un conjunto de Mandelbrot roto en su cardioide más visible.

Yata# ganó una batalla. Pero la guerra aún deparaba muchas sorpresas.

08.07.09

Lost In Podcast Rock (I)

Enviado a General, Humor, Podcast a las 7:24 de Javier Romero

I.- Tanguí-man.
Solo existía una persona que controlara de manera magistral los lenguajes de programación. Se trataba, cómo no, del mago de los loops imposibles: Tanguí-man. Hoy conoceréis por fin a la leyenda, al mago de magos, al que no le asustan los tipos abstractos de datos ni los recolectores de basura.

Desde pequeño se le apreciaron excelentes habilidades con sus manos. Incluso Mamayata, el insigne patriarca de los magos programadores, tuvo el placer de poner a prueba las especialidades de nuestro héroe. Sólo él pudo hacer una tirada de +20 en la habilidad de algoritmos genéticos implementados con tarjetas perforadoras. Ese fue el comienzo de la leyenda.

Mamayata lo adoptó como alumno, y ese fue su error, ya que durante un entrenamiento ciertamente cruel, Tanguí-man implementó un compilador de un nuevo lenguaje, el Mamayata++, que encapsuló al maestro en un laberinto de librerías sin sentidos.

Todos lloraron la muerte de Mamayata y, al mismo tiempo, celebraron el oscuro nacimiento de Mamayata++. Parecía un buen lenguaje, pero el primer objeto de la jerarquía, aquél que hace germinar la raíz, se rebeló, eliminó el postincremento del nombre, y se tatuó en su brazo derecho el símbolo de una almohadilla. A partir de ahora, reinaría con la ayuda de su máquina virtual, la más despiadada que ningún humano había conocido, y se hizo llamar Yata#.
Desde la torre más alta de su imperio escupió patrones de diseño que conquistaron ágilmente las ciudades colindantes.

Los magos más experimentados fueron incapaces de entender la complejidad del nuevo imperio, y todos, incluido Tanguí-man, huyeron al país de Python donde les acogieron con los brazos abiertos.

En el país de Python vivían gente amable que estudiaban con ahínco los lazos familiares entre los distintos componentes de las familias. En general vivían en paz con sus vecinos, aunque miraban con recelo a los Rubies que, con argucias inteligentes, arañaban terrenos en la frontera para ampliar sus tierras.

Mientras tanto, Yata# buscó un terrible aliado en el que nadie había reparado. En el último rincón del planeta, allá donde si te asomas puedes ver a los elefantes que soportan el mundo, vivía el ojo que todo lo busca: Google-eye.

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